Derechos Humanos y Señal Ética

Por: Byron O. Naranjo Gamboa
14/12/2020
Ambato – Ecuador

Imagen de Tumisu en Pixabay

Este 10 de diciembre se conmemoró otro aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, manifestación que para unos sigue teniendo la misma trascendencia que en 1948, cuando fue anunciada y aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Ban Ki-moon, cuando fungía de Secretario General del máximo organismo de las Naciones Unidas, no se cansaba de elogiar la visión de los autores de la mentada declaración que, a decir de él, era un documento en el que por primera vez se exponían los derechos y las libertades a los que todo ser humano puede aspirar de manera inalienable y en condiciones de igualdad. “Ha pasado a ser la referencia para medir lo que está bien y lo que está mal. La Declaración constituye los fundamentos de un futuro justo y digno para todos y brinda a las personas de todo el mundo un poderoso instrumento en la lucha contra la opresión, la impunidad y las afrentas a la dignidad humana”, afirma Ban Ki-moon, en el prólogo de la edición ilustrada de la DUDH (2015), que habría sido publicada en árabe, chino, inglés, francés, ruso y español.

¿Futuro justo y digno para todos? ¿Poderoso instrumento en la lucha contra la opresión, la impunidad y las afrentas a la dignidad humana? No, no son preguntas para el diplomático surcoreano, ni es nuestro propósito analizar los discursos ampulosos de este tipo de funcionarios. Lo que realmente nos interesa es comprender hasta qué punto esos enunciados se han puesto en práctica en un corto, mediano o largo plazo. Son 72 años de la “afamada” declaración, más de siete décadas y ¿qué ha pasado? ¿Otra entelequia diplomática?

El mexicano Vidal Medina, dramaturgo y director de teatro, desde su manera de percibir al mundo nos dice que “Entramos al siglo XXI sin un mapa de ruta, desesperados y sin esperanza; arrastramos los fracasos de las utopías contemporáneas y estamos lejos de concretar los sueños y demandas legítimas de nuestros antepasados y antecesores”. Aunque son versiones que pudieran pertenecer a contextos distintos, en ningún momento se desconectan de las personas y su lugar de relación: la calle; además se advierte un trecho muy considerable entre lo ilusorio de Ban Ki-moon y lo pragmático de Vidal, una distancia de la B a la V (por jugar algo con las iniciales de los nombres de los autores referidos).

La cultura vial, en su afán de aportar al mejoramiento de la coexistencia de las personas en los espacios de movilización y desplazamiento, sigue esperando que los Derechos Humanos pasen de ser enunciados (utópicos gran parte de ellos) a vivencias concretas, para contar con un mapa de ruta en donde estén bien señalizados los derechos y las responsabilidades que cada quien debe cumplir por convicción, no por imposición. Nuevamente nos encontramos ante un tema que demanda una Señal Ética y compromiso permanente.

Gracias a Byron Naranjo por su columna mensual en culturavial.net

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