El virus de la impaciencia

Imagen: Imagen de Marta Cuesta en Pixabay

Cultivar el arte de la paciencia es importante y necesario. Ser pacientes es controlar el enojo y el afán. Entrar en comunión con el tiempo. Especialmente en la calle y en la vía, dónde interactuamos con otros.

Para el enojo, hay técnicas que nos hacen menos irascibles al comportamiento propio, de los demás y del entorno. Para el afán, también las hay que ayudan a administrar el tiempo.

Tanto conductores como transeúntes pueden llegar a niveles de impaciencia insospechados por los demás. La contribución de la impaciencia con la siniestralidad vial es alta porque hace que los comportamientos sean imprevisibles.

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