Yerly Mozo (Seguridad vial en animales)

“Animales somos todos, incluidos los seres humanos”

Por: Guillermo Camacho Cabrera

Yerly Mozo sonríe y abraza la cría de una vaca
Comprometida con el tema de la seguridad vial de los animales, Yerly Mozo trabaja por un país que los cuide y los proteja

La seguridad vial en animales en un tema que está en sus albores, teniendo pendientes el desarrollo de tareas de investigación, recolección de datos e información. El mundo y las sociedades están en mora de tomar conciencia de la importancia del tema.

Yerly Mozo es una ingeniera civil colombiana que desde hace muchos años se dedica a la defensa de los animales. Con ella estuvimos conversando sobre cómo cambiar los conocimientos, las actitudes y las prácticas personales y sociales alrededor de la seguridad vial de las especies que comparten con nosotros el planeta.

La movilidad animal es tan compleja como la movilidad humana y requiere que la comprendamos y la protejamos tanto como buscamos proteger a las personas en su derecho a una movilidad segura.

Su propuesta tiene tres ejes fundamentales. El primero es el reconocimiento de que los animales son seres sintientes que merecer buen trato y cuidado. El segundo, más innovador para estos tiempos, es que los animales son usuarios de las vías y de los sistemas de transporte. El tercero, es que los animales no son esclavos ni amuletos ni mascotas ni cosas. Son vida y como tal debemos respetarla, cuidarla y protegerla.

A partir de estos ejes se desprende la posibilidad de cuidarnos como personas, al tiempo que cuidamos a los animales.

¿Quién es Yerly Mozo, cómo se autodefine?

Soy una mujer feliz, ingeniera con enfoque social y ambiental, empresaria que cree que un mundo en equidad sí es posible y defensora de los derechos de los animales. Me encanta estudiar, investigar, conocer la realidad de los territorios y trabajar por mi sueño y pasión: Colombia Libre de Maltrato Animal.

¿De dónde viene esa vocación del trabajo por los animales?

Siempre he sido apasionada con lo que hago y así lo he sido con la ingeniería, con mi estudio, con mi familia. Pero hace unos 13 años iba en mi auto subiendo el puente de la Cra 30 con calle 63, cerca al Campín de Bogotá, y de repente observé un vehículo de tracción animal parqueado en la cima.

Me llamó la atención que escurría muchísimo líquido con sangre puente abajo. Luego vi una especie de manta blanca que colgaba de una yegua, quien yacía tirada con cara de absoluto agotamiento.

En principio pensé que era un caballo atropellado y por eso atravesé el auto como un reflejo natural para ayudar.

Quedé en shock al observar la escena más macabra vista por mi hasta ese momento: era una yegua que estaba pariendo un potrillo.

El carretero le pegaba para que se levantara y siguiera subiendo la pesada carreta que llevaba, que era como un trasteo de oficina porque tenía archivadores y escritorios.

Quedé pasmada.

No atiné a ayudar seguramente porque no sabía cómo, pero recuerdo la indignación que sentí al ver que esta persona pegaba a la yegua. Con mi angustia solo atinaba a gritarle que no lo hiciera. Y a los autos que pasaban, les pedía ayuda esperando que sus conductores se bajaran y entre todos hiciéramos algo. ¿Exactamente qué? No sabía, pero fue un reflejo natural.

Ahora entiendo que mis gritos eran un clamor de solidaridad con estos animales que yacen en la indiferencia.

Algo que me marcó para siempre fue que no obtuve ayuda. Nadie me apoyó; al contrario, los conductores me trataron mal, me dijeron ‘bruja’, ‘loca’, me recordaron a mi madre con todos los reclamos e improperios inimaginables.

A eso ahora le llaman bullying, pero en ese momento a nadie le importaron los animales ni la situación de una mujer… A la gente lo único que le importaba era el trancón que estábamos haciendo, pues los animales en ese entonces eran simplemente ‘cosas’.

Finalmente, el carretillero enganchó la yegua al vehículo, subió al potrillo a la carreta sin haber permitido ningún tipo de contacto entre el animal, que aún no se ponía en pie, y su madre.

Lo único que pude hacer fue irme detrás de la carreta en un mar de lágrimas por varios kilómetros en absoluta impotencia.

No recuerdo si llamé a la policía, pero sí a mi esposo.

Y desde ese día, desde esa conversación, mi propósito de vida se convirtió en ayudar a los animales.

Recuerdo que, en principio, pensé que la mejor forma de hacerlo era adoptando un caballo… (risas).

Ingresé a la Asociación Defensora de Animales (ADA) donde estuve por varios años en la junta directiva y decomisamos muchísimos caballos a cualquier hora y en cualquier parte de la ciudad, así como centenares de animales en condiciones terribles e inimaginables, en su mayoría víctimas de la crueldad e indiferencia humana.

Con el tiempo me di cuenta de que tanto esfuerzo no solucionaba el tema de fondo, pues se necesitaba que los animales no fueran tratados como cosas; se necesitaban leyes.

Pero yo no era abogada y no me interesaba serlo, la ingeniería ha sido mi otra pasión, por lo que decidí tomarme un año sabático y me dediqué al autoaprendizaje, para entender cómo lograr una ley que protegiera los animales, cómo funcionaba eso que parecía inalcanzable.

Y luego de casi siete años, en un trabajo titánico con amigos defensores de animales y gracias a algunos amigos congresistas ¡lo logramos!

Los animales en Colombia por Ley fueron declarados “seres sintientes” y se creó el delito para casos de maltrato animal, entre otros.

Por supuesto, uno de los principios de la Ley es la “solidaridad social”.

Aunque no pude hacer nada por la yegua ni por el potro, esos animales fueron trascendentales en mi vida y abrieron el camino para ayudar a cientos de animales, para contribuir a cambiar paradigmas en nuestra sociedad y, sin duda, cambiaron mi vida para bien. Soy más feliz con lo que hago.

Ahora todo tiene sentido en mí; soy una ingeniera más cercana a la gente y a la naturaleza.

Para usted, Yerly, ¿qué es un animal? ¿Puede definirlo?

Animales somos todos, incluidos los seres humanos.

Los animales son individuos que viven, tienen una función o propósito natural en sí mismos, cuentan con capacidad de desplazamiento y algo muy importante es que tienen la capacidad de sentir. Si analizamos bien, los seres humanos también somos todo esto, somos solo una especie de los millones de ellas que habitamos en este planeta.

También, para mí, los animales son una oportunidad con mucho potencial en una sociedad, pero no para industrializarlos y fabricarlos para el consumo humano sino para disminuir la pobreza y la inequidad desde la transformación de la productividad en nuestra economía, como lo ha planteado la misma Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

¿Cuánto puede transformar a una sociedad la forma en que tratamos a los animales? Esta es una pregunta clave para el gran desafío que tenemos después de la actual pandemia COVID-19. Como individuos, como familias, como empresarios, como gremios y sobre todo como sociedad.

Debemos como humanos buscar un equilibrio con la naturaleza y con los animales.

En esa medida, ¿por qué es incorrecto referirse a los perros y a los gatos como mascotas?

Es el manejo de un lenguaje apropiado para el propósito que se tiene en nuestra sociedad de cambiar el paradigma de que los animales no son cosas, son seres sintientes.

‘Mascotas’ es una palabra que ha servido para mercantilizar a los animales y que simboliza “cosas”. Como un amuleto, como la pata de un conejo disecada o como un muñeco de los juegos olímpicos, que son símbolos pero no seres sintientes.

Los defensores de los animales promovemos el uso del término ‘animales de compañía’, para transformar y reflexionar sobre la forma como tratamos a los animales domésticos y más aún cuando existe un vínculo emocional entre los humanos y los animales.

En la transformación que buscamos. El lenguaje tiene un poder inimaginable. Cuando escuchas a líderes de opinión y hasta a presidentes decir, sin ningún reparo, “mató el tigre y se asustó con el cuero” o “matar dos pájaros de un solo tiro”, se escucha un mensaje erróneo porque esas frases avalan lo que ahora es un delito.

En eso debemos trabajar para modificar esas malas costumbres.

La reflexión en el uso del lenguaje también es válida cuando hablamos de los indígenas, los pastusos, los afrodescendientes y las mujeres, entre otros.

Una vaca yace a orilla de carretera mientras se ve un vehículo liviano con signos de colisión. La Policía de Carreteras de Colombia está en el sitio.
Los siniestros viales con animales involucrados son más frecuentes de lo que la gente conoce. Dejan afectaciones a la vida de las especies y al patrimonio

Háblenos brevemente de la seguridad vial de los animales. ¿Cómo está el mundo, cómo están América Latina y Colombia?

De los animales como peatones, existen importantes avances en muchos países a nivel mundial tales como Holanda, Canadá, Nueva Zelanda, Francia, Alemania, Chile y Costa Rica. Pasos de fauna, señalización, tecnología e innovación en la infraestructura y acciones de inteligencia artificial para la conexión con los sistemas inteligentes de transporte.

De los animales como pasajeros, las aseguradoras han realizado importantes y valiosos estudios, así como la industria automotriz trabaja en vehículos para familias multiespecie. Pero estos son esfuerzos aislados que requieren liderazgo institucional y articulación con rigor técnico que creo que es lo que ha faltado para atender como debe ser la seguridad vial de los animales.

En Colombia existen pocas acciones, muy valiosas pero muy tímidas sin lograr el impacto que merecen. Muchas veces en vías nuevas donde se implementa señalización para prevenir el atropellamiento, las señales son ignoradas y su utilidad se reduce a identificar la especie de los animales que se encuentran atropellados alrededor.

El Plan Estratégico Mundial de Carreteras de la Asociación Mundial de la Carretera (PIARC), resultado del trabajo de 22 comisiones con más de 1.000 expertos de 140 países, acaba de reconocer que:

“LOS ANIMALES QUE CRUZAN LA CARRETERA COLISIONAN CON LOS VEHÍCULOS EN MARCHA Y PUEDEN MORIR, LO QUE SE CONOCE COMO MUERTES EN LA CARRETERA”

Parece algo obvio, pero esto es histórico, su reconocimiento es vital para avanzar en soluciones de fondo y estructurales.

El Plan de PIARC incorpora a los animales en las estrategias y objetivos para mitigar el impacto en ellos y en la interconexión de sus hábitats, busca identificar la mitigación del efecto barrera en la vida silvestre, e incorpora la coordinación con comités técnicos para la estandarización de los diseños de carreteras, infraestructura vial y seguridad en el transporte.

Esperamos que este sea el escenario técnico que brinde acciones para incluir a los animales en las políticas públicas de seguridad vial.

Cuando se identifica que los animales cruzan en la carretera y colisionan con los vehículos de manera intrínseca se reconoce a los “ANIMALES COMO USUARIOS DE LAS VÍAS Y DE LOS SISTEMAS DE TRANSPORTE” y es este un fundamento para accionar alrededor de la seguridad vial de los animales, un tema emergente que cada día exige más atención por parte de las nuevas generaciones.

¿De dónde salen las cifras que usted proyecta de atropellamientos de animales en Colombia?

En mis cálculos estimo que son 87 millones de animales atropellados al año en Colombia. Una cifra que quizás para muchos sea muy grande, pero de pronto sea muy conservadora si tenemos en cuenta, por ejemplo, los cangrejos negros en el Caribe que en un instante de su migración intentan cruzar la vía por miles y cada día su desaparición está más cerca.

Ante la ausencia de investigación en el tema de atropellamientos de animales en Colombia que permita conocer la realidad con rigor metodológico y estadístico, he planteado una hipótesis basada en indicadores de proporcionalidad a partir de la información que se tiene de otros países como Brasil, con 450 millones de animales vertebrados atropellados al año, y España, con datos oficiales del orden de los 32 millones. He cruzado estos datos con variables como población, área, especies (vertebradas e invertebradas), red vial per cápita, kilómetros de vías pavimentadas y no pavimentadas, entre otros datos.

Sean millones más o millones menos, son vidas. Y, en este caso, de animales que mueren en sufrimiento y agonía ante la indiferencia de una sociedad.

Por eso la invitación es a visibilizar esta triste realidad, a hacer más investigación multisectorial. A que no dejemos solos a los biólogos y veterinarios con esta problemática. A reflexionar que como ingenieros tenemos un aporte vital en el desarrollo de nuestro país.

Por eso estoy convencida de que Colombia debe avanzar muy rápido hacia la ‘Contratación Pública Ecológica’ y, desde allí, implementar soluciones con innovación y tecnología para evitar la muerte de animales. Que esta acción sea tenida en cuenta como un factor indiscutible de calificación que, para el caso de la infraestructura vial, sería una de las formas de evitar el atropellamiento de animales.

Cualquier cifra nos debe hacer un llamado urgente a la acción y a la transformación de la infraestructura incorporando a los animales como usuarios de las vías y de los sistemas de transporte, porque son una realidad en nuestro territorio.

Yerly Mozo comenta las estrategias de visibilización para la protección de los animales en la vía Chusacá-Sibaté-Fusagasugá en el departamento de Cundinamarca, centro de Colombia. Explica cómo se incluyó el tema de seguridad vial en animales en el marco del contrato de mantenimiento vial, a través del Plan de Adaptación de la Guía Ambiental (PAGA).

¿No le parece un contrasentido que mientras en Colombia fallecen entre 6 mil y 7 mil personas al año por siniestros viales, usted esté preocupada por las muertes y lesiones de animales en siniestros viales?

No es un contrasentido; al contrario, es una oportunidad de valorar la vida en una sociedad.

¿Quiénes son los que más mueren en las vías? Los jóvenes. ¿Quiénes son los que conducen a mayores velocidades de las permitidas en el momento de un siniestro vial? Los jóvenes. ¿Quiénes son los que más piden protección para los animales? Los jóvenes y las nuevas generaciones.

Debemos replantearnos la forma de hacer seguridad vial y, si existe un vínculo emocional muy fuerte de los jóvenes con los animales, hay que escuchar ese sentir y construir con ellos en el marco de la seguridad vial, la narrativa y las acciones para mejorar los comportamientos como conductores y peatones, para evitar siniestros viales de tal forma que se prevengan las muertes de humanos y de animales.

La Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) en Colombia, señala que 284 personas perdieron la vida por estrellarse contra vacas, caballos o burros en la última década, dejando además 2.728 heridos de consideración y 6.239 daños. Estoy segura de que a un gran porcentaje de víctimas, incluidas sus familias, les ha cambiado la vida y se les han truncado sus sueños. Este no es un tema solo de animales, es un tema social, un tema de salud con grandes costos para el erario público.

Los siniestros son predecibles, prevenibles y controlables, al menos en su gran mayoría. Y no hemos logrado con el rigor que requiere, que estas 284 muertes se evitaran. Pero si trabajamos en la correlación y el vínculo emocional humano-animal, podemos ayudar a que estas muertes no sigan ocurriendo ni para los animales ni para los humanos.

Es necesario incorporar en la futura resiliencia a la actual pandemia, el conceptos de equilibrio entre el bienestar y la salud de los animales, los humanos y la naturaleza. Inclusive en la interacción que surge en las vías y en los sistemas de transporte. Esto es el futuro.

Si es así, ¿qué debemos hacer como sociedad para mejorar la seguridad vial de los animales?

Reconocer a los animales como seres sintientes y usuarios de las vías. En el caso de los animales de compañía, reconocer la realidad de que hacen parte de los hogares.

Yo veo en la seguridad vial de animales un generador de oportunidades para las instituciones, los gobernantes y los emprendedores, abriendo mercados y transformando la productividad a una economía en equilibrio con la naturaleza y los animales.

Yo clasificaría las acciones de cualquier sociedad, como le muestro enseguida.

  • Identificar y considerar a los animales como usuarios de las vías.
    • Los animales como peatones son una realidad en nuestro entorno territorial y, en el caso de los animales guía, son los ojos y el sentir de los humanos.
    • Los animales como pasajeros son una realidad en: camiones de carga, automóviles, servicios de transporte público, motocicletas, bicicletas, barcos, aeronaves, patinetas.
  • Identificar a los animales como usuarios de los sistemas de transporte urbano e intermunicipal, de terminales, aeropuertos, metros (existentes y en proyecto), cables aéreos, ciclovías, ciclorrutas. Los animales no son equipajes para las bodegas de las flotas. Más que no prestar el servicio, es ver la oportunidad de generar mercados emergentes que les brinden bienestar a los animales y felicidad a sus cuidadores. La convivencia con animales es una oportunidad, no un problema.
  • Transformar la infraestructura existente y proyectada.
  • Transformar la sociedad y la cultura en seguridad vial al cuidado responsable y la protección de animales como prevención y cambios de comportamiento como usuarios de las vías.
  • Brindar atención a los animales atropellados.
  • Implementar señalización preventiva pasiva y activa, acompañada de controles, para disminuir la velocidad.
  • Crear pasos de fauna elevados, subterráneos y aéreos.
  • Incluir el tema en los Planes de Adaptación de la Guía Ambiental (PAGA).
  • Incluir los animales en los manuales, guías y especificaciones de construcción de carreteras y de vías urbanas.
  • Promover tecnologías, innovación, georreferenciación e inteligencia artificial.
  • Realizar acciones de pequeño costo y gran impacto
Señal preventiva advirtiendo la presencia de gallinas en la vía y recordando a las comunidades la necesidad de protegerlas de los riesgos viales
Implementación de señalización preventiva luego de análisis del territorio con las comunidades asentadas

¿Hay alguna diferencia entre proteger a los animales de los siniestros viales en las ciudades o en las vías urbanas y hacerlo en las carreteras?

Sí, porque son dos entornos diferentes, con variables propias dependiendo de quién es el administrador (un alcalde, un gobernador, el Instituto Nacional de Vías – INVÍAS o un concesionario), la demografía, los vehículos que transitan, los peatones, la tecnología, la inversión, el diseño, el mantenimiento y la operatividad entre otras.

De ahí lo importante de hacer un llamado a la academia, a la empresa privada, a los gremios, a los transportadores, a los biólogos, a los veterinarios y a la ciudadanía en general para investigar e identificar las características propias de cada territorio a fin de construir estrategias, tomar decisiones e incorporar en las políticas públicas de seguridad vial el enfoque territorial y multisectorial.

¿Qué ventajas tiene para un conductor, para una sociedad o para un país prevenir siniestros viales con animales?

Una persona muy cercana a mí, toda la vida ha manejado muy mal. A esta persona le encanta la velocidad, adelanta en curva con naturalidad, nadie quiere subirse al auto cuando está conduciendo. Afortunadamente nunca ha tenido colisión alguna, sin embargo, he visto cómo ha moderado su comportamiento siendo consciente de que hay animales en la vía, lo que ningún otro argumento había logrado. Ese cambio de actitud, que nunca creí que se fuera a lograr, ha sido para mí algo que antes era sencillamente imposible.

Esta vivencia tan cercana me ha permitido reflexionar en que los animales son una oportunidad hacia el cambio de comportamientos responsables como conductores y como sociedad que salvaguardan la vida.

No tengo duda de que Colombia tiene las herramientas para ser ejemplo mundial con la prevención y disminución de siniestros viales con humanos, a través de la prevención de siniestros viales con animales.

¿Cuál es su mayor sueño en este momento?

Mi sueño es una Colombia Libre de Maltrato Animal. Estoy plenamente convencida de que sí se puede y nunca dudo de que lo vamos a lograr.

¿Y su mayor logro?

No es un logro solo mío, en realidad es un logro de los colombianos. Abrir camino y trabajar para que hoy exista la Ley que declaró a los animales “Seres Sintientes, no cosas” en Colombia, de la mano con el rescate y rehabilitación de más de 250 animales, la mayoría atropellados.

En la Comisión Pimera Constitucional Permanente de la Cámara de Representantes de la República de Colombia con un grupo de activistas de la defensa de los animales.
En la Comisión Primera Constitucional Permanente de la Cámara de Representantes de la República de Colombia

¿Quiénes son sus mejores aliados en este tema?

Los animales no humanos, quienes desde su naturalidad les permiten a los animales humanos con una simple acción o una mirada, sentir amor, ternura, inocencia alegría y felicidad.

Por supuesto, mi esposo quien siempre me apoya, cree en mis locas ideas que afortunadamente el tiempo nos ha demostrado que no son locas. Mi familia nunca me apoyó. Al contrario ha sido una fuerte contradictora.

Mis amigos defensores de animales a lo largo y ancho del país a quienes admiro mucho, mis amigos que han llegado a posiciones de poder y desde allí me abren las puertas para avanzar en la solidaridad, la protección y el bienestar animal.

La academia, la empresa privada, las ONG y la comunidad, quienes quieren un cambio en la forma en que se trata a los animales.

¿A quiénes le gustaría tener también como aliados?

Al Banco Interamericano de Desarrollo y al Gobierno Nacional.

¿Quiere dejar un mensaje final y a quién?

A los colombianos: los animales no son nuestros esclavos y mientras haya una persona que los defienda tendremos esperanza de un mejor país resiliente para todos. A cada persona le digo: únete y, desde tu proyecto de vida, trabajemos por una Colombia Libre de Maltrato Animal.

Nota: el material fotográfico y en video que acompaña esta entrevista se publica con autorización expresa de Yerly Mozo y no viola los derechos de autor.

Un comentario en “Yerly Mozo (Seguridad vial en animales)

  1. Es una magnifica mujer, defensora de los derechos de los animales, como persona es muy agradable y caritativa, tengo el privilegio de ser su compañera de trabajo en menor escala pero luchamos por ellos, por los animales mas necesitados.

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