
No soy usuario de Uber ni comulgo con su entrada a los países desde la necesidad, en lugar de hacerlo desde la Ley. Creo que mientras sea un servicio ilegal a la luz de la legislación vigente, no lo usaré; sin embargo conozco personas que lo usan y están satisfechas con el servicio a pesar de estar en la ilegalidad.
Esta aclaración vale ya que quiero comentar las palabras de uno de los voceros del gremio de los taxistas en Bogotá, señor Hugo Ospina, quien en sesión del Concejo de Bogotá afirmó, palabras más, palabras menos, que los taxistas iban a buscar a los pasajeros de Uber para bajarlos del servicio cuando lo estuvieran utilizando.
Con todo el respeto que me merecen los taxistas de Bogotá, quienes tienen más de 12 a 15 horas de trabajo/día tras el volante, en una ciudad de tránsito difícil como es Bogotá, con condiciones de seguridad adversas, creo que más que preocuparse por bajar a los usuarios de Uber deberían preocuparse por subir más usuarios a sus taxis.
Estoy seguro que la percepción ciudadana de un servicio de taxis venido a menos en los últimos años y que, por supuesto, hace insostenible el negocio (por ello surgen propuestas como Uber que amenazan con la materialización de un servicio innovador, la sostenibilidad del negocio de taxis), es el resultado de la negligencia, baja calidad en algunos servicios y deficiente atención al usuario de muchos taxistas en Bogotá.
Mejorar el servicio de taxis es un imperativo para los taxistas en lugar de atentar contra los pasajeros que en el marco de un ejercicio de oferta y demanda deciden usar Uber. La acción que anuncian los taxistas en Bogotá es primaria, violenta y va contra la Ley. Quieren combatir la ilegalidad con acciones ilegales.
Quien tiene la potestad de sancionar a los vehículos de Uber es la Policía de Tránsito, y lo está haciendo; pero tomar justicia o Ley por propia mano es condenable desde todo punto de vista.
Los taxistas ni siquiera proponen medidas preventivas como ganar la simpatía de la ciudadanía por un servicio bien prestado, sin condicionantes de geografía, tiempo o disponibilidad. Esa sería la mejor estrategia para hacer que el servicio de taxis en Bogotá sea sostenible desde lo económico, lo social y lo ambiental. Un servicio público bien prestado.
El gremio de taxistas está poniendo el foco donde no es: en la competencia. Todos en Bogotá sabemos que el foco está en el servicio prestado por los taxistas.
Ojalá vuelva el día en Bogotá en que el usuario pueda parar o pedir un taxi con la certeza de acceder un servicio de calidad, sin el temor actual de sentirse descalificado y atacado en su dignidad cuando un conductor no quiere o no puede prestar el servicio.
Los taxistas en Bogotá deben prepararse para competir en el marco de la Ley, con calidad, eficiencia y eficacia. Ganando la simpatía de los usuarios y siendo innovadores en el servicio. No de otra forma su negocio será sostenible.


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