Protesta y territorio

Ciclorruta en calzada en el portal Américas de TransMilenio, Bogotá D.C. (Foto: Guillermo Camacho Cabrera)

Por: Guillermo Camacho Cabrera

Hasta hace algún tiempo reciente, los centros geográficos de las protestas en la cosmopolita Bogotá D.C. eran la Plaza de Bolívar y el eje de la carrera séptima en el centro.

En Bogotá, como en otras partes, el sistema de transporte es un eje estructurante de la ciudad y de lo que hacen sus habitantes en ella. También, acerca a las personas a las centralidades y a la oferta de servicios y equipamientos para beneficio común.

Las jornadas de protesta ciudadana en Bogotá y otras regiones de Colombia están motivadas en el descontento generalizado por la crisis social, económica y de salud que trajo la pandemia por Covid-19.

También, en una posible reforma tributaria propuesta por el Gobierno Nacional, sumada a las precarias condiciones de los jóvenes y del sistema de juventud en la sociedad.

El proceso de paz, difícil hasta ahora, en el cual el asesinato de líderes sociales evidencia de forma nefasta el estado político actual del país en las regiones, contribuye también con el malestar ciudadano.

La forma como el sistema de transporte estructura el espacio público, hace que este sea de y se sienta para todos. Y también que una oferta especial de bienes y servicios estatales como paraderos, estaciones de buses y portales, estén a disposición de las y los ciudadanos.

Esa gran visibilidad que toma lo público en el transporte ha hecho, a mi juicio, que nuevos microespacios locales tomen relevancia como focos geográficos de las protestas.

El monumento a los Héroes, cercano a la estación de TransMilenio con el mismo nombre en la avenida Caracas con calle 80 en el norte de Bogotá y el portal de las Américas de TransMilenio en el sur son ejemplos de ello.

Contrastan estos lugares con la destrucción de lo público que hacen quienes arremeten sin misericordia en contra de los equipamientos de la infraestructura de transporte y de las personas que están alrededor de esta.

Solo en daños al sistema de transporte público, uno de los reportes más recientes de TRANSMILENIO S.A. tasa las afectaciones en más de 20 mil millones de pesos (unos 5,5 millones de dólares estadounidenses) y la Secretaría Distrital de Movilidad en más de 6.900 millones de pesos (unos 1,9 millones de dólares estadounidenses), los daños al sistema semáfórico y al sistema de cámaras de tránsito de la ciudad.

El transporte transforma el territorio y así mismo la percepción de lo público. Donde antes no había nada, ahora hay sitios de encuentro, puntos de confluencia ciudadana que también se usan para protestar.

Hay que seguir trabajando en las maneras como la gente se apropia de lo público y alrededor de lo que deja esa apropiación en los ciudadanos.

No es coherente protestar desde lo público destruyendo lo público. Tampoco lo es destruir la sociedad que se quiere arreglar.

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