Paisajes acústicos y ruidos interculturales

Imagen de Stefan Schweihofer en Pixabay

Por: Byron O. Naranjo Gamboa
30/08/2022
Desde Ambato – Ecuador

Lo hayamos percibido o no, cada sector de la vasta geografía que habitamos tiene sus sonidos propios que sirven para distinguir un lugar de otro, lo que en términos especializados se denomina la voz de la sociedad o el paisaje acústico.

María Soledad Cabrelles Sagredo, que ha dedicado parte de su vida al estudio de la percepción auditiva, insertándose en este contexto habla del paisaje sonoro y lo delimita como el conjunto de sonidos del medio percibidos por el oído humano: todo suena en nosotros y a nuestro alrededor, pero, desgraciadamente, no siempre somos conscientes de ello porque nos hemos acostumbrado a no escuchar, refiere en su relato Ma. Soledad. Fijémonos que, de entrada, nos encontramos con una tarea pendiente porque tenemos que desacostumbrarnos de esa distracción habitual y volver a escuchar, que no es otra cosa que utilizar de manera coherente nuestra anatomía ya que para eso estamos provistos de dos oídos (con la respectiva salvedad para las personas que padecen de discapacidad auditiva).

Los paisajes acústicos a más de constituirse en la identidad sonora de cada zona, son una guía conductual para los actores viales; a través de los sonidos (naturales y culturales) podemos ubicarnos en el tiempo y en el espacio, y adoptar el comportamiento que demanda el lugar en el que nos encontremos. Luego de salir de un “cerco”, como dice Eugenio Trías que deberíamos llamar a los sonidos que dan forma al ambiente, entramos en otro (cerco) que mediante sus sonidos nos previene de cambios a los que nos exponemos en ese recorrido.

Estas transiciones, en el campo de la cultura vial, se ponen de manifiesto, por ejemplo, cuando se rebasa el lindero urbano y se ingresa al ambiente rural. Los sonidos son distintos, en algunos casos el aturdimiento citadino es desplazado por el sosiego bucólico y demanda el cambio de actitud de las personas. Donde fueres haz lo que vieres, es el refrán que en el Quijote (II 53) se muestra en las siguientes palabras: cuando a Roma fueres, haz como vieres, o su sinónimo: en Roma, vive como en Roma; y todo esto no es más que la sutil recomendación de adaptarse al lugar en el que nos encontremos y proceder de acuerdo a las prácticas sociales que ahí se acostumbra.

Sin embargo, el paisaje sonoro está perdiendo su característica de fuente de información o guía de comportamiento porque no ha escapado de la contaminación global que hoy conspira contra la vida. La preciosidad de los sonidos sucumbe ante los elevados decibeles de irresponsabilidad que compiten por captar la atención y terminan convirtiendo todo en ruido (sonidos no deseados, interferencias en las señales, intensidades elevadas de los mismos sonidos que se mezclan entre sí) con la consecuente y ensordecedora contaminación auditiva.

El tema no acaba ahí, porque como somos animales de costumbres, terminamos acostumbrándonos a todo, y los ruidos se vuelven parte de la cotidianidad: La situación se complica cuando a más de estos ruidos que devienen de la manipulación de los sonidos, permitimos el crecimiento de muros entre personas por la falta de percepción del otro en su real dimensión. La Convención Internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial ONU. Diciembre 1965, nos recuerda que «Toda distinción, exclusión, restricción o preferencia, basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública» son formas de inequidad social. Inequidad que puede entenderse como ruido intercultural al que se lo debe abordar desde el pluralismo comunicativo, cuestionando las barreras que se han levantado entre “nosotros” y “ellos”.

Hay barreras que bloquean el bienestar social y ruidos que ensucian la vida. La depuración del paisaje acústico y el derrumbamiento de los ruidos interculturales no son opciones, son determinaciones que a más de las voluntades individuales necesitan el accionar de quienes administran el espacio público. Sin ser apocalípticos, pero es evidente que estamos amurallándonos en una burbuja de egoísmo e irresponsabilidad que está carcomiendo la oportunidad de vivir dignamente ¿Hasta cuándo resistiremos?…

cologuille

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